miércoles, 27 de septiembre de 2017

1.9 Impacto de pertenecer a la ciudadania digital

Basta una palabra, una foto, un video o un símbolo para que millones de usuarios den un "clic" al tópico "me gusta" o se pronuncie seguido de un hastag, muchas veces una tendencia de tipo temporal que responde a un asunto de moda o de consumo particular en el trending topic; pero cuando involucra a un asunto público explota en el ciberespacio y se vuelve incontrolable, agresivo y veloz, flujos de eventos que penetran y se apropian la vida íntima de las colectividades.
A finales del siglo XX y principios del XXI el encuentro entre las personas y el mundo digital se intensificó transformando radicalmente la realidad y permeando en el ámbito político, económico, social o cultural, puesto que se constituyó un nuevo espacio de interacción-actuación que es compartido y se reinscribe constantemente (De Certeau, 2000), el internet. íras la emergencia de ciudadanos en el mundo que emprenden prácticas políticas y sociales a través del uso de internet y distintas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para hacer valer sus derechos, realizar demandas sociales, incidir en la agenda pública, exigir transparencia en procesos político-electorales, rendición de cuentas y construir acción colectiva en busca del bien común, se ha puesto especial atención en el fenómeno de los medios digitales.
En el caso de México el ejercicio de la ciudadanía digital es aún un proceso lento, entre otras causas debido a que la mayoría de la población en el país carece de acceso a la red, sin embargo, cada vez más usuarios se suman al uso de nuevos medios digitales; en este sentido lo novedoso del fenómeno es que se está ejerciendo ciudadanía digital bajo peculiares condiciones y circunstancias que lo hacen un asunto polémico por sus beneficios y sus perjuicios, por sus virtudes y sus vicios, por sus avances y limitaciones en la sociedad.
Esto ha generado que internet y las nuevas tic sean objeto de estudios interdisciplinarios, volviéndose para intereses de ciertas colectividades un aspecto de las políticas de Estado tales como su regulación, control, accesibilidad y costo. En la actualidad son diversos los esfuerzos académicos y las discusiones que buscan conceptualizar, analizar y reflexionar sobre este tipo de experiencias que se están suscitando vía la web 2.0 (Mossberger, Tolbert y Mc Neal, 2008; Robles, 2009, por mencionar algunas referencias).
Para enriquecer estas reflexiones se suman avances de investigación y análisis plasmados en la obra Ciudadanía digital, la cual constituye una referencia obligada para aquellos interesados en el tema, puesto que incluye distintas perspectivas de estudio que buscan evidenciar cómo la sociedad se apropia de lo público para construir alternativas de ejercer ciudadanía. Sus aportaciones son importantes porque se intenta mostrar cómo las características de los nuevos medios están construyendo o no efectivamente más participación y nuevas formas de ejercer la ciudadanía.

Del contenido y estructura de la obra Ciudadanía digital
Ciudadanía digital es una obra colectiva coordinada por Alejandro Natal, Mónica Benítez y Gladys Ortiz cuya intención es la de enriquecer estudios sociales, políticos, económicos y culturales relacionados con los medios digitales; para lograr este propósito, los investigadores de la UAM Unidad Lerma reúnen variados análisis de tipo exploratorio que giran en torno a tres preguntas fundamentales: ¿las nuevas tecnologías ofrecen herramientas a los activistas que pueden socializar para construir un colectivo en el mundo real? ¿Generan los medios digitales nuevas condiciones para que cada vez más ciudadanos participen en temas públicos? ¿Es la participación en medios digitales una novedad que perderá vigencia o, por el contrario, es una transformación definitiva de las formas en que nos involucramos en lo público?
Para intentar responder estos cuestionamientos se presentan diversos casos de estudio y discusiones organizadas en nueve capítulos. En el primer capítulo se trata el concepto de Ciudadanía digital y se examina el papel de los medios digitales como herramientas al servicio de los ciudadanos; asimismo, se analiza el distanciamiento entre gobernantes y gobernados, la pérdida de legitimidad y la desconfianza del ciudadano hacia las autoridades, lo que se vuelve un problema político porque éste pierde interés en participar en los problemas que aquejan a la sociedad.
Los autores del capítulo sostienen que la desconfianza se manifiesta de manera efectiva a través de medios como las redes sociales virtuales; algunos casos abordados son el movimiento de los indignados en España y "#Yosoy132" en México. Ambos movimientos constituyen manifestaciones de la contrademocracia (según los fundamentos de Pierre Rosanvallon hay tres formas de expresión: poderes de control, las formas de obstrucción y puesta a prueba a través de un juicio) que aportan a la construcción de una nueva ciudadanía.
En este orden de ideas, se subraya que para ser ciudadano digital "se deben cumplir al menos tres condiciones: acceso a internet, conocimiento en el manejo de las herramientas de internet y reconocimiento del usuario de la utilidad de internet para la interacción política" (p. 38). Al final de este capítulo se advierte que el ejercicio de la ciudadanía digital no precisamente asegura una mayor calidad de la democracia, pero si puede potencializar la participación ciudadana en asuntos de la esfera pública en el mundo real.
A lo largo del segundo capítulo, Marcos López discute que las redes sociales virtuales (por ejemplo Facebook o Twitter) han recreado la forma en que socializamos al funcionar como mecanismos de acicalamiento, pavoneo o chisme para el establecimiento de redes de cohesión y confianza, así como el acceso a información relevante que determinados grupos sociales necesitan. Además se resalta que las redes sociales, como elemento de cambio en la evolución de la comunicación interpersonal, facilitan a las personas el acceso a asuntos públicos que pueden no estar en los medios, generando en el receptor sentimiento de cercanía y la impresión de que su participación contribuirá al cambio. También se expone el potencial de las redes sociales de reducir el tiempo, la energía y los recursos que los individuos dedican a discutir temas de interés colectivo, construir opinión, desarrollar propuestas, medir la inmediatez de la respuesta a las mismas y construir comunidades.
Dentro del tercer capítulo se plantea el tema de la brecha digital, con lo cual se presenta un breve panorama estadístico sobre la distribución, disponibilidad, acceso y uso que se les da a las herramientas de internet en México; según datos de 2011, la brecha digital en este país se encuentra por debajo del promedio de la región de América Latina, situándose en el décimo primer lugar de 20 en cuanto al número de población con acceso a internet, mientras que países como Argentina, Chile y Uruguay ocupan los primeros tres lugares respectivamente.
Para la realización del estudio, el autor Manuel Lara privilegió dos fuentes de información: el Módulo de Condiciones Socioeconómicas de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares y el Módulo sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información de los Hogares para el año 2010. A partir de estas fuentes se establecieron datos para diferenciar entre el campo y la ciudad (el uso de medios digitales es un fenómeno eminentemente urbano porque en el campo de la mayoría de la población no tiene acceso a internet), así como las desigualdades que se dan en términos de ingreso y género (la ciudadanía digital es un fenómeno también exclusivo para el sector de la población con mayores ingresos).
Conjuntamente se buscó responder qué sectores de la población tienen capacidad para utilizar estos nuevos medios, y hasta qué punto internet y las redes sociales son utilizados, o por el contrario, son medios reservados para una minoría (el sesgo por género determina que la mujer tiene menos acceso a las nuevas tecnologías). La discusión también se enfoca en si el uso de internet está ligado a sectores sociales ya educados o, por el contrario, hay señales de democratización en el otorgamiento de este servicio.
El cuarto capítulo, titulado "Ciudadanía digital y Social Media Revolution", consiste en reflexionar sobre el cambio de paradigma en la interacción gobierno y sociedad y en la participación política de la sociedad civil; específicamente, el capítulo elaborado por Jorge Castillo tiene como finalidad estudiar la influencia que han tenido las redes sociales sobre el comportamiento de algunos actores sociales involucrados en procesos político-electorales y el desarrollo de las campañas políticas en el mundo, particularmente en México.
Las campañas electorales de candidatos y ciudadanos han encontrado en las redes sociales y en los social media nuevas formas de interacción y participación, pues desde internet se convocan manifestaciones, se promueven candidatos, se establecen críticas abiertas y sin censura, y se emiten opiniones en asuntos de interés público (por ejemplo durante las elecciones federales en 2012, las protestas, críticas y rechazo a la campaña política de Enrique Peña Nieto, candidato del Partido Revolucionario Institucional y actual presidente de México); ante este tipo de eventos se plantean algunas interrogantes, ¿cuál es la relación que existe entre el pluralismo político e internet? ¿Cuál es la reacción de los partidos políticos y de la sociedad civil en regímenes democráticos? ¿Cómo actúan o reaccionan los regímenes autoritarios hacia estas nuevas prácticas?
En el quinto capítulo, Alejandro Natal y Mauricio Ibarra intentan mostrar aspectos sobresalientes de ciertas experiencias en las que Twitter funciona como herramienta para la acción colectiva en México. Algunas de estas experiencias han sido el movimiento por "el voto nulo", movimiento "internet necesario", movimiento de la "guardería ABC", movimiento "Yo soy TwitTerrorista", entre otros. Los principales fundamentos desarrollados en este capítulo revelan que gracias a Twitter se han manifestado distintos tipos cambios: 1) la articulación entre individuos con intereses similares pero que estaban atomizados; 2) Twitter ha permitido que ciudadanos dispersos accedan a información relevante de una forma simple; 3) ha creado puentes de comunicación entre ciudadanos y funcionarios, quienes, sin conocerse, entran en contacto y debaten aspectos de una política pública; 4) ha sido parte de un asunto coyuntural que, probablemente, no habría detonado de manera intensa si no fuera por las necesidades de participación que tienen los ciudadanos y porque los usuarios son individuos con una politización y niveles de información superiores a la medida. Asimismo, resulta relevante que en la mayoría de los casos expuestos, los medios tradicionales fueron impactados por Twitter, también se muestra tangiblemente que es posible construir comunidades en torno de una tendencia.
Entre los hallazgos más representativos sobre Twitter se encuentra "el hecho de que puede servir como medio de comunicación e información relevante; Twitter reconoce las asimetrías no sólo de información sino también de participación, ya que facilita el involucramiento de los ciudadanos y hace que la relación con la autoridad sea más horizontal. Paralelamente Twitter es dependiente de la coyuntura política y social y se ha vuelto referencia obligada para los medios masivos que lo ubican no sólo como un medio, sino como una fuente de información y divulgación" (p. 142).
En este sentido, Twitter sigue siendo un fenómeno propio de la clase media urbana (la minoría); la mayoría es una sociedad con problemas estructurales de acceso limitado a las TIC y tiene una educación muy tradicional y limitada en cuanto a la crítica y el uso de nuevas tecnologías, por ello es poco probable que critique el desarrollo en proceso masivo de reflexión.
Pese a esto, los autores del capítulo aseguran que "la comunidad que usa Twitter es valiosa, en la medida que representa una ciudadanía activa que se moviliza, busca y difunde información de manera intensa, se apropia de ella, debate y cuestiona a las instituciones y políticas públicas, al tiempo que demanda la rendición de cuentas" (p. 142). Esta situación obliga y presiona a las autoridades para escuchar a sus ciudadanos.
En el sexto capítulo se visualiza a las redes sociales como un catalizador de la acción política al propiciar que comunidades virtuales puedan vincularse —a través de los post de los muros, tuits y las invitaciones de amigos conocidos— a causas que les requieren. En esta intención se abordan dos casos de acción política para el empoderamiento y el ejercicio de ciudadanía plena de grupos excluidos "En defensa del migrante centroamericano" y "En defensa de Wirikuta"; el análisis se realiza "con base en el contenido de los sitios de Facebook (el perfil de cada manifestación, el tipo de información que aporta y las acciones que se promueven) para saber qué tipo de acci

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